Atravesamos tiempos complicados. Siempre he querido mirar hacia adelante con optimismo y por muy mal que veamos hoy las cosas, como dice el refrán, no hay mal que cien años dure. Aunque a veces el túnel parezca interminable, al final siempre aparece la luz. Más vale que cuando llegue no nos encuentre con los ojos cerrados y sepamos verla.
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lunes, 17 de diciembre de 2012
Más Europa
Hace un par de semanas (Confianza en el futuro) expresaba mi confianza en que la situación económica iba camino de mejorar, pues, aunque tarde y un poco a trompicones, la Unión Europea estaba tomando las medidas necesarias para resolver los problemas que han hecho que nos encontremos en la situación actual, que la crisis económica mundial se haya manifestado en Europa de una forma tan virulenta. Entonces apuntaba que la decisión de poner en marcha la unión monetaria y establecer una moneda común para la mayor parte de los países miembros, una decisión política valiente en aquellos momentos, se adoptó sin establecer los mecanismos necesarios para lograr un buen funcionamiento de la política monetaria y evitar el riesgo de movimientos económicos divergentes entre los distintos países que compartimos el euro como moneda.
El acuerdo logrado la semana pasada para establecer un mecanismo conjunto de supervisión bancaria para el conjunto de la zona euro es un paso muy importante en la dirección correcta. Es cierto que la forma en que se va a implantar no es perfecta y es lamentable que se deje a las autoridades nacionales al supervisión de algunas instituciones, pero el acuerdo en sí permite avanzar en la arquitectura de lo que sin duda llegará a constituir un sistema financiero más homogéneo y más estable. Queda por resolver la puesta en marcha de mecanismos que aseguren una mejor coordinación de las políticas fiscales. Ese paso será complicado, ya que los gobiernos de los países miembros deberán inevitablemente ceder parte de su soberanía a las instituciones europeas, lo que a su vez implica la necesidad de democratizar y hacer más transparentes esas instituciones. Sin embargo, estoy convencido de que la economía europea saldrá beneficiada y reforzada de ese proceso. Para poder sobrevivir en un mundo interconectado en el que el poder económico se concentra en las manos de grandes potencias como Estados Unidos y China, Europa debe esforzarse para poder tratar de igual a igual a esos gigantes y no podrá hacerlo dignamente mientras no cuente con las estructuras de poder y las instituciones adecuadas.
J. T.
domingo, 2 de diciembre de 2012
Confianza en el futuro
Hace un par de días saltaba la noticia de que entre las empresas de la zona euro y de la Unión europea en su conjunto el índice de confianza ha mejorado inesperadamente en el mes de noviembre, recuperando un nivel que no se veía desde el mes de agosto. Keynes ya señalaba la importancia de los ánimos y las expectativas de los empresarios para relanzar la inversión que es imprescindible para que la producción aumente. La confianza en el futuro, en que la evolución de la situación económica será positiva, es un elemento esencial para salir de una situación de crisis como la que atravesamos. Las dificultades financieras hacen que resulte muy difícil lograr una recuperación de la actividad económica y la relajación de las tensiones en los mercados es imprescindible para que esas dificultades cedan paso a una situación normalizada en que el dinero fluya sin obstáculos allá donde un proyecto empresarial presente posibilidades de éxito.
Con perspectiva, podemos afirmar ahora que hubo serios errores de concepto cuando se diseñó y se puso en marca la unión económica y monetaria. A tropezones, con dificultades y desacuerdos, pero con firmeza, el futuro se va aclarando y aquellos errores están en camino de ser rectificados. Los gobiernos europeos están logrando que, no sin tensiones y conflictos, se abandonen los gastos desmedidos y se ajusten los mecanismos de mercado que permitan relanzar el crecimiento con unas bases más firmes. El funcionamiento del sistema financiero exige un entorno en el que la autoridad monetaria del BCE pueda transmitir al conjunto de la eurozona sin distorsiones las señales necesarias para que el crédito y la liquidez circulen con fluidez. Esto exige reformas institucionales que van desde una mejor supervisión de la banca a la posibilidad de evitar excesivas diferencias entre los tipos de interés de la deuda de los distintos países. Ambas cosas llevan camino de resolverse en los próximos meses. Por todo ello, aunque a algunos les parezca imposible visto desde la complicada situación actual, pienso que es hora de que empecemos a pensar en que se acerca el final de la pesadilla y en que podemos confiar en el futuro.
J. T.
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